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viernes, 21 de febrero de 2014

90 MINUTOS DE FAMA

Uno de los deportes más populares en Liberia, y probablemente en África, es el fútbol. La gente se toma esta actividad con mucha seriedad. Chelsea y Manchester United son los dos equipos más populares. También lo son Barcelona y Real Madrid. Como la gran mayoría de la gente no tiene electricidad, existen algunos centros de entretenimiento donde se transmiten los partidos en vivo y se cobra una entrada de aproximadamente $0,5 dólares. Además, todas las semanas hay encuentros locales entre las distintas ciudades del condado, se parecen mucho a los partidos de la tercera división chilena o al fútbol campesino de mi querido sur. Con todo este ambiente futbolero fue difícil no involucrarme en este deporte nuevamente y comenzar a entrenar con mis colegas para tener un duelo con otra ONG, al menos eso fue lo que se dijo al principio. 

El primer día de práctica estaba un poco confundido. No fue una práctica exclusivamente entre colegas, más bien jugamos contra un equipo local inmediatamente. En otras palabras, jugamos contra chicos que entrenan frecuentemente. Muchos de los futbolistas aficionados tienen grandes habilidades para jugar y además son rápidos y fuertes. Por mi parte, estaba más acostumbrado a jugar con mis amigos donde después de diez minutos se cansan y se toman una cerveza. Jugar contra los liberianos me puso a prueba físicamente y creo que no lo hice tan mal.

Cierto es que nos ganaron por cinco goles de diferencia y por esas cosas de la vida y por estar en el lugar adecuado convertí el único gol para mi equipo. Desde ese entonces me transformé en el delantero titular. Para que no suene tan arrogante debo decir que en los primeros cinco minutos me caí y me herí bastante feo en uno de mis brazos. Atribuyo la caída a mi falta de estado físico y un poco al suelo que tenía piedrecillas. 

Seguimos con las prácticas por dos semanas hasta que llegó el día del encuentro. En aquel momento no me imaginaba cómo sería todo el preámbulo, pero después de tres meses uno se va haciendo una idea de las cosas. El mismo día del partido nuestro capitán nos avisa que no jugaríamos contra otra ONG, sino que contra el equipo de Saclepea. Fue un poco difícil aceptar que el duelo sería contra chicos que se preparan diariamente para sus encuentros, pero a esa altura no teníamos otra opción. 

Para bien o para mal, Liberia siempre te da sorpresas. Esta vez creo que fueron positivas. Nunca me imaginé que todos jugaríamos con camisetas de Chelsea. Pensaba que sería un duelo más de barrio, todos jugando con poleras de distintos colores, con zapatillas normales y sin público. En realidad, fue todo lo contrario y a eso me refería con que la gente se toma muy en serio el fútbol.

Sólo faltaba una hora para que comenzara el partido cuando me dijeron que me suba en el asiento delantero del auto. No sabía por qué debía hacer eso si estábamos a cinco minutos caminando hasta la cancha. Luego de subirme, comenzó el espectáculo. En un auto y tres motocicletas recorrimos todo el pueblo tocando la bocina para que la gente fuera a ver el encuentro. Ahí recién entendí por qué iba en el asiento frontal, un qüiplu (hombre blanco) llama mucho la atención y más cuando está vestido con tenida deportiva. 

Finalmente, llegó la hora de jugar. Con excepción de la cancha, todo lo demás fue bastante formal, contábamos con todos los árbitros respectivos y había bastante gente de la oficina apoyándonos. El partido fue bastante intenso y el equipo contrario generalmente poseía el balón. Por otro lado, nosotros teníamos un portero que nos evitó bastantes goles. Casi al finalizar la primera mitad, tuve la oportunidad de anotar, pero el arquero la detuvo. Toda nuestra barra comenzó a gritar qüiplu y me sentí un poco avergonzado por tanta atención, después de todo era el único “blanco” en la cancha. Termina el primer tiempo y nos vamos a descansar. En mi caso, me di el tiempo de tomar mucha agua porque jugar con 30° C no es fácil. 

Comienza el segundo tiempo y a pocos minutos del inicio nos cometen una falta en el área penal. Nuestro capitán anota y ganamos aún más confianza. El sólo hecho de que no nos hayan anotado durante el primer tiempo nos ayudó a ver que podíamos lograr algo. En los próximos minutos no hubo mucha acción más que algunos cambios de jugadores que ya estaban con dolores musculares. Casi al final del partido, nuestra defensa estaba un poco distraída y nos anotan un gol. Así el árbitro da por terminado el encuentro, empate uno a uno.

Al salir de la cancha fue interesante escuchar a la gente agradecerme por haber jugado. Inmediatamente asumí que fue por compartir con ellos y no por mi forma de jugar que me agradecían. Al parecer, debo ser el único qüiplu que ha jugado con ellos en mucho tiempo. 

Fue una gran experiencia y aunque no me gusta llamar (aún más) la atención, creo que participaré en el próximo partido que jugaremos contra las tropas de Bangladesh de las Naciones Unidas. Sin duda, si ese duelo se lleva realmente a cabo, será una tarde inolvidable para los liberianos que verán en sus canchas tantos qüiplus en un mismo lugar. El fútbol tiene sus detractores, pero acá parece funcionar bastante bien para compartir con la gente en otro contexto y salir un poco de la rutina. Además, me sirvió para observar que la cultura de este país también se refleja en este deporte. Los jugadores tienen mucho potencial individual, pero su falta de organización y rigurosidad creo que los haría perder contra un equipo chileno de similares condiciones.

lunes, 20 de enero de 2014

EL OASIS LLAMADO GHANA

Después de dos meses en el pequeño poblado de Saclepea, finalmente tuve la oportunidad de viajar a otro país de África del Oeste.

Ghana limita al Oeste con Costa de Marfil, al Este con Togo, al Norte con Burkina Faso y al Sur con el golfo de Guinea. La historia de este país es fascinante y triste a la vez. Brevemente, diré que desde este país se enviaban a los esclavos hacia el resto del mundo y aún se pueden visitar los fuertes y castillos construidos para tal objetivo. Además, es importante mencionar que se independizaron de los británicos.

A diferencia de otros países de la región, Ghana se ha mantenido estable por muchos años y ha logrado desarrollarse de una manera notable.

Mi primer contacto con Ghana fue con la ciudad capital, Accra. Es una ciudad muy parecida a las que podríamos encontrar en Chile. Al menos esa es la primera impresión que uno tiene al llegar a este país luego de vivir dos meses alejado de toda urbe. Hay grandes edificios, autopistas, taxis, buses, tiendas, centros comerciales, electricidad, agua, entre otras cosas.

Paradero de taxis y tro tros (mini bus) - También está el mercado a un costado

En África siempre me he sentido como extranjero. No obstante, al menos en Ghana la gente no se detiene a observarte por tu color de piel porque están más acostumbrados al turismo. Por otro lado, están tan acostumbrados al turismo que siempre intentan engañarte con los precios. El primer pasaje en taxi hasta nuestro hostal nos salió $10 dólares y de regreso al aeropuerto uno está tan acostumbrado a regatear y pelear por cada cedi (la moneda oficial de Ghana) que sólo pagamos 3 dólares.

El hostal donde llegamos, Agoo, es uno de los mejores hostales en los que he estado, especialmente en términos de ambiente. Después de meses, tuve la oportunidad de hablar español con unos chicos de España que estaban grabando un documental sobre la basura tecnológica. También había gente de Australia, Inglaterra, Estados Unidos y un chico de Ghana que hace sólo semanas antes había estado en Chile en una conferencia. Es cierto, el mundo a veces no es muy grande.

La primera noche en Accra fue más bien para comer sin límites, más que los propios que tienen el estómago y el bolsillo, por supuesto. Unas pizzas y cervezas fueron suficientes para sentirse como en casa.

Al otro día recorrimos la ciudad. Uno de los lugares que más me llamó la atención fue el mercado de Makola donde se puede encontrar casi cualquier tipo de comida. Por primera vez en dos meses, comí lechugas, papas y zanahorias. Claro está que no podía dejar de probar los deliciosos mangos. Otra de las atracciones de Accra es el Teatro Nacional que tiene una hermosa arquitectura. También tienen un estadio de fútbol donde se realizan los encuentros tanto nacionales como internacionales (la gente conoce Chile gracias al fútbol). En general, en Accra uno puede encontrar todo lo que quiera.

Teatro Nacional de Ghana

Calle comercial

Estadio nacional de Ghana

Monumento - Se realizan conciertos en ese recinto

Ya al tercer día nos dirigimos hacia el Oeste a la playa de Kokrobite. Es un lugar muy relajado y no saturado de gente. Uno puede bañarse sin problemas, especialmente porque el agua tiene una temperatura muy agradable. En términos generales, una de las cosas que uno nota es que la gente en Liberia y Ghana no sabe nadar. Otra de las cosas asombrosas que se puede ver en las playas es la pesca artesanal. Los barcos que se usan para tal labor son muy llamativos al igual que sus métodos de extracción. En pocas palabras, el dueño del barco y de la red le ofrece parte de la extracción a los que ayuden en el proceso. Los ayudantes también cantan mientras hacen su trabajo, al parecer para coordinarse al jalar la soga. Es todo un espectáculo.
Embarcaciones típicas de Ghana
Playa de Kokrobite
Gente esperando la extracción de pescados
Tirando de la soga


Desenredando la red

Cosecha del día

Seleccionando los mejores peces
Pueblo de Kokrobite

Uno de los destinos más visitados es Cape Coast. Esta ciudad fue la antigua capital de Ghana y tiene un gran parecido con la ciudad de Valparaíso en Chile. Desde esta ciudad específicamente se llevaban los esclavos a otros países. Uno de los atractivos es el castillo Cape Coast. Esta construcción cuenta con calabozos que dan escalofríos al escuchar al guía decir que el suelo está compuesto en parte de restos humanos, heces y sangre que con los años se solidificaron. En el castillo, también había un calabozo especialmente diseñado para castigar a aquellas mujeres que se rehusaran a tener relaciones sexuales con los conquistadores. Es un lugar con mucha historia y da para pensar en las terribles cosas que podemos llegar a hacer como seres humanos.

Calabozo para hombres (No había tanta luz en aquellos años)

Castillo de Cape Coast

Protección para ataques extranjeros 
Calabozos para mujeres esclavas

También visitamos los otros fuertes que servían para proteger la ciudad de ataques extranjeros. La vista es increíble desde estas construcciones debido a que se ubican en la parte alta de la ciudad.

Fuerte William
Vista desde fuerte Victoria
Cape Coast


Vista desde el fuerte William
La comida callejera es una de mis favoritas y a pesar de que en Liberia no como en la calle, acá sí me atreví a probarla. En once días no tuve ningún problema digestivo. Los platos son bien contundentes y muy económicos. En las mañanas, me gustaba ir por las calles y comprar piñas que están listas para comer. En la noche, comía anticuchos (o kebabs) de vacuno aliñados con unas especias bien picantes. Esto último daba pie a una degustación de algún nuevo tipo de refresco como por ejemplo una cerveza de yuca.


Comida típica en Ghana, deliciósamente condimentada

Resort en Playa Oasis



Baile callejero

Lamentablemente, los desayunos en la calle duraron sólo hasta que descubrí un hostal llamado Baobab. Había visto este lugar mis primeros días pero lo prejuzgué y pensé que sería costoso. Sin embargo, no sólo los precios eran excelentes, sino que además ofrecía una serie de productos veganos y vegetarianos, jugos de fruta fresca, café en grano y, como si fuera poco, este hostal también apoya escuelas y a niños con capacidades diferentes; además, tiene una tienda donde venden productos reciclados y confecciones en distintos materiales que los mismos niños aprenden a hacer con las capacitaciones que reciben de este lugar.

Luego de tanta playa, decidimos viajar hacia el Este del país, hacía la región Volta. En esta región hay montañas y caídas de agua y el turismo está menos desarrollado. Hay una serie de pueblitos bien pintorescos y la gente es muy amable como en todos los lugares que visitamos. Es interesante destacar que cada vez que queríamos subir una montaña, tuvimos que hacerlo con un guía. En la primera montaña que subimos, el guía se justificaba porque había que pasar por muchos árboles y pasto largo, además que él iba observando el camino por si nos encontrábamos con una serpiente. En el segundo recorrido, el guía no era necesario y además trató de aprovecharse con la propina. Lo peor que hubiera pasado es que nos hubiéramos equivocado de camino y hubiéramos ido a parar a Togo. Claro, porque sólo una montaña divide a estos dos países.


Montaña a escalar

Vista desde la cumbre

Con nuestro guía

Región Volta


Uno de los pueblos que visitamos en el Este fue Ho. Nos quedamos en un hotel que salía en una de las famosas guías de viajeros que tomamos prestada en Agoo. Justo nos tocó esperar el año nuevo en aquel pueblo. Lo divertido fue que el dueño del hotel, una persona que ha viajado mucho por el mundo, nos invitó a comer y beber para esperar el año nuevo. Fue una gran experiencia compartir con gente de Ghana y Nigeria mientras comíamos kebabs y bebíamos un vino francés. 

El siguiente pueblo se llama HoHoe y desde acá se puede tomar el tro-tro hasta las cataratas de Wli. Es una caminata de alrededor de tres horas subiendo una montaña con harta pendiente, pero al final uno obtiene su recompensa porque se puede bañar en la falda de la catarata. 




Catarata en las alturas

Pueblo de Wli
Otra vista de la cascada
Catarara Wli
Ghana es un país con gente muy simpática, con una infraestructura bien desarrollada y como dije al principio después de haber estado dos meses lejos de toda comodidad, Ghana se parecía mucho a un país como Chile en términos de desarrollo, hasta que uno comienza a observar con más calma. A veces uno se olvida de que todos los niños que venden cosas en la calle deberían estar en la escuela. También uno escucha las historias de chicas que son golpeadas por sus parejas y aunque esto pasa en cualquier parte del mundo, en los dos países africanos que conozco, esta triste realidad parece ser parte de la vida diaria. La desigualdad en la distribución de la riqueza también se deja notar. Así, en la capital uno ve casas gigantescas y luego en la región de Volta uno ve nuevamente las chozas que ve en Liberia. Pero si lo que se quiere hacer es conocer África y llegar a un destino no tan extremo en lo que a comodidades se refiere, Ghana parece ser el lugar adecuado. No es un país caro, la gente en general habla buen inglés y siempre tratan de ayudarte, el transporte es eficiente y la comida es excelente. Sólo hay que atreverse a viajar y a preguntar para llegar al destino. 



martes, 7 de enero de 2014

UNA SEMANA COMO LIBERIANO

Por una razón en particular, tuve que dejar mi hogar y vivir en la casa de unas amigas por una semana mientras ellas tomaban sus vacaciones. A diferencia de nuestra casa, la de ellas es una casa liberiana  y se diferencia de otras del mismo tipo por el gran esfuerzo que han hecho por decorarla y por hacerla más amigable.

En su exterior no es muy diferente a las demás, mas por dentro es bien colorida y está bien organizada. Las chicas que son voluntarias para Cuerpos de la Paz también se han preocupado de tener juegos de mesa, libros de todo tipo, pizarra para estudiar, sillones, entre otras cosas. Sin embargo, en cuanto a las comodidades mínimas con que disponemos en nuestros países, hay una gran diferencia.

Uno no se da cuenta de todo el tiempo que ahorra al tener servicios básicos como una conexión de agua y electricidad.

Todos los días hay que extraer el agua con baldes desde un pozo y almacenar el agua en los contenedores grandes que uno deja dentro de la casa. Esto puede tomar unos treinta minutos y es muy agotador. Recibí mis primeras instrucciones de una niña de no más de doce años que debe hacer esto todos los días.



Al principio me tomé esta labor más como un juego o una experiencia de vida, hasta que te das cuenta que aquella niña tiene que hacerlo todos los días y no por voluntad propia necesariamente. Son muchas horas de trabajo que podría ocupar, por ejemplo, en estudiar.

Estoy muy de acuerdo en que hacer ejercicio es una de las mejores actividades que podemos hacer para ayudar a nuestro cuerpo y mente. Sin embargo, cuando la dieta de estos niños es muchas veces arroz en la mañana y arroz en la tarde, el trabajo fuerte parece no beneficiarlos de la misma forma.

Cuando uno no tiene electricidad debe olvidarse de muchos artefactos que nos facilitan la vida.

La lavadora es prácticamente inexistente. Incluso en la casa de una persona que paga tres mil dólares por un arriendo, no hay una. Así que todo el lavado es a mano. No es una tarea para nada entretenida.  

El televisor no lo extraño en lo absoluto. Lo que sí extraño es tener luz a las siete de la tarde. Acá se oscurece a esa hora más o menos. La vida en Liberia comienza muy temprano y termina muy temprano. El agotamiento físico ya se siente a las siete u ocho de la tarde. Sin electricidad no queda más que prender las velas si uno quiere leer un libro o dormirse. También está la opción de ir al pequeño bar administrado por una señora muy independiente, Tracy’s, y tomarse una refrigerio para pasar la tarde. Esta última opción, es bastante usada por los extranjeros que trabajan en Saclepea.

Me encanta cocinar. ¿Cociné en esa semana? No. ¿Por qué? Porque para tener fuego hay que ocupar los braseros a carbón. En un camping me encantaría hacer eso y comer una parrillada. Pero acá es distinto. Acá tienes que hacerlo todos los días si quieres comer y no tienes el suficiente dinero para comer afuera. Además, tienes que pensar que tu platos sucios tienes que lavarlos con baldes y fuentes. Cocinar con brasero también toma mucho tiempo y después del trabajo simplemente no dan ganas de hacerlo.

Intento encontrar los aspectos positivos de no contar con agua potable y electricidad, pero sólo se me vienen a la mente pensamientos poéticos, románticos y momentáneos. Nada que permita construir el piso mínimo para lograr el desarrollo a nivel de infraestructura y mejore la calidad de vida de estas personas.  

viernes, 22 de noviembre de 2013

SOBRE LA COCINA Y LA COMIDA


Muchos de mis amigos conocen mi pasión por la cocina y la comida. En cuanto a si cocino bien o no, es un debate demasiado extenso como para tratarlo en este espacio. No obstante, en lo que sí puede haber consenso es en que efectivamente me gusta muchísimo cocinar y probar recetas nuevas, especialmente cuando son de otros países.

Compras en el mercado
En esta corta intervención me enfocaré más en la comida que se puede encontrar en el pequeño pueblo de Saclepea ya que en la capital, Monrovia, hay mucha más variedad de alimentos. En Saclepea, abundan los plátanos y un familiar de éste que es más grande y que generalmente se usa para cocinar. También hay una gran oferta de papayas y naranjas. Las primeras se pueden encontrar generalmente en el mercado que se hace todos los días martes; por otro lado, es más fácil comprar naranjas a los vendedores callejeros que las llevan en fuentes plásticas sobre sus cabezas. Las naranjas las venden con la capa más externa a medio pelar. Es como si las hubieran pasado por un rallador para quitarle su característico color. Además, les cortan una de sus polos para poder apretarla y extraer su jugo por ese orificio. Aún no intento este método porque me gusta comer la naranja completa y no desperdiciar ni una parte de ésta. Desafortunadamente, la piña, una de las frutas que más había querido probar, ya está fuera de temporada. A pesar de eso, igual tuve la oportunidad de conocer un árbol de piña y me llevé la sorpresa de que era muy distinto a cómo me lo imaginaba. Y mi colega se encargó de avisarme de que existe un tipo de serpiente negra a la que le encanta tomar jugo de piña, así que seguiré comprando en el mercado sólo por precaución. Otro refrescante fruto que se puede encontrar por estos lados es el coco. Es un fruto muy rico en sales y minerales; de hecho, es considerado el Gatorade natural.

Gatorade liberiano

Nacimiento de una piña
Lamentablemente, la variedad de vegetales no es muy amplia. Hay tomates pequeños, ajíes, hojas de papas, hojas de yuca, papas dulces y otros vegetales pequeños que sólo he visto, pero que no conozco en realidad. Las ensaladas son casi inexistentes. 

Hay un plato liberiano que se prepara con hojas de papas y hoy me atreví a cocinarlo. Simplemente se hierven las hojas hasta que queden bien suaves y se adereza con aceite, cebollas, ajos y sal hasta que quede una especie de pasta espesa. Luego  se pone sobre el arroz. El plato tradicional lleva pollo y pescado, mas no me atrevo a comprar carne por mi cuenta aún.

Arroz con hojas de papas y ajíes

También hay caracoles gigantes y he escuchado que en algunas partes se puede conseguir carne de mono y serpiente. La verdad es que aún no he visto eso. Lo que sí he visto es un tipo de carne ahumada que se llama “bush meat” o carne del bosque  que puede ser de cualquier animal que encuentren a los interiores de la selva.

El arroz es el grano predilecto de esta zona. Hay al menos tres tipos de arroz. Es un producto bastante económico, por eso cuando uno come en un restaurant le dan un plato de arroz que podría ser fácilmente para tres personas. El arroz lo preparan simple porque hacen salsas aparte para sazonarlo.

En general, uno puede inventar cosas bien ricas si le gusta la cocina. Acá intenté hacer un plato que probé en Colombia y resultó bastante bueno.

Arroz, frijoles, bananas fritas, ajíes y tomates

Las comidas no son lo mismo si no se acompañan de un buen vino. Para mi fortuna, acá puedo encontrar vino chileno. Las líneas Frontera y Casillero del Diablo de la viña Concha y Toro al parecer están hasta en los lugares más recónditos del planeta. También tengo acceso a vino de Sud África y aunque suene muy nacionalista, aún prefiero el vino chileno.

Los precios de productos naturales son increíblemente baratos. Recuerdo muy bien cuando compré mis primeras ocho paltas o aguacate a 0,6 dólares, cuando en Chile podría pagar un dólar por una palta. Una piña pequeña y una papaya grande cuestan menos de un dólar cada una. Todo tiene sentido en una comunidad donde el promedio de ingreso es un dólar al día. 

lunes, 18 de noviembre de 2013

ABDOMINALES PODEROSOS, CAMINOS IMPOSIBLES Y PLÁTANOS SALVADORES

Ya van dos semanas de salidas a terreno y creo que es tiempo de contar un poco sobre lo que hago por esta región.

Aún no conozco mi título exacto, pero debe ser algo así como consultor en educación. Es más fácil describir mis funciones que descubrir el título de mi puesto de trabajo. Lo sabré con seguridad cuando mi supervisora nos visite nuevamente. Por ahora me encargo de visitar todas las comunidades donde hay un programa de alfabetización para adultos auspiciado por Project Concern International (PCI), la organización para la cual trabajo. En un principio visitaría algo así como quince comunidades; no obstante, como muchas cosas en Liberia, la información no era precisa. En total son más de treinta comunidades y los horarios de clases difieren bastante de lo que se me dijo al comienzo.

Bienvenida en una de las comunidades

Al llegar a la comunidad todos los niños e incluso algunos adultos me saludan por mi segundo nombre, qüi plu que significa “blanco” o “civilizado” lo cual es extraño para mí que soy más bien moreno y ni tan civilizado. Me reúno con los encargados de dictar las clases y charlamos brevemente sobre sus horarios, cantidad de alumnos, sentimientos sobre lo que están haciendo, entre otras cosas. También observo sus clases y cómo interactúan con sus estudiantes. Todo eso para poder redactar un informe y sacar mis propias conclusiones sobre si el proyecto se ha estado llevando a cabo correctamente y determinar qué medidas tomaré para sacar el mejor provecho de los recursos entregados a las comunidades. Por ahora, eso es lo que hago.  

Profesora de adultos y niños
Si bien durante estas dos semanas mis obligaciones no han sido del todo complicadas, hay otros inconvenientes con los que lidiar diariamente.

A pesar de que aprendí a conducir una motocicleta, aún no me asignan una para mí solo. Por lo tanto, debo hacer de pasajero todos los días. Desearía poder relajarme y observar el paisaje mientras pasan las horas, pero así no son las cosas. En todo momento debo ir muy atento a los gigantescos baches para mantenerme en el asiento y no salir volando hacia un costado. Este simple ejercicio involucra mucho trabajo abdominal y lo sé porque al final de la jornada me duele muchísimo esta zona. Hasta tal vez funcione mejor que los Abdominales en 8 minutos que se pueden encontrar en Youtube. Veré los resultados con más certeza al final de mi tiempo en Liberia.

Llegar a estas comunidades es quizás lo más difícil del trabajo. Después de la larga guerra civil de Liberia, los caminos quedaron destruidos. Si a ello le agregamos el factor lluvia, muchas cosas interesantes y peligrosas pueden suceder.

Al pasar por uno de los caminos, no pude evitar recordar el programa Rutas Mortales trasmitido por History Channel. Nos encontramos con un camión muy cargado que al tratar de pasar por un montón de barro quedó atrapado. Tampoco es que haya muchas otras vías por donde transitar, las rutas alternativas son escasas o nulas. Por mi cuenta, me bajé de la motocicleta para que mi compañero pudiera cruzar sin problemas, y también porque no quería caerme en el barro, y me dediqué a sacar algunas fotos de la divertida situación mientras cruzaba caminando.

Camión con un pequeño problema en el camino

Después de un buen par de horas de viaje y haber pasado por cuenta comunidad encontramos a lo largo de nuestro camino, por fin llegamos a nuestro destino. Conocimos a Washington quien recién está comenzando con el proyecto y le hicimos las preguntas correspondientes. Por primera vez en el viaje tuve la posibilidad de ver la hora y como si mi estómago estuviera sincronizado con mis ojos, me dio hambre. Creo que Washington y su familia vieron mi cara de hambre porque inmediatamente fueron a buscar dos ramos de aproximadamente diez plátanos cada uno. Tomé uno rápidamente y guardé el resto para el viaje. Muy agradecido por tan exquisito regalo, me despedí y les aseguré que verían a este qüi plu nuevamente. 

Niñas manteniendo su escuela en orden

domingo, 10 de noviembre de 2013

DONKEY KONG COUNTRY Y OTROS AMIGOS

En este país me siento más flojo de lo usual, o por lo menos más lento. No es que quiera ser así. El calor te saca la energía cada vez que sales a terreno. Todos los días camino cuatro kilómetros ida y vuelta para llegar a la oficina donde trabajo y no existe el día en que no ande sudado. A pesar de esta molestia, el deporte es una actividad que nunca he querido dejar de lado y es por eso que acá decidí seguir trotando.

Por ahora tengo dos rutas y creo que ambas tienen ocho kilómetros en total. Por lo menos una ya la medí con GPS. Mi humilde teléfono inteligente me ha servido bastante por estos lados.

En ambas rutas primero hay que caminar veinte minutos antes de salir del pueblo y tomar algún otro camino más despejado para correr, o al menos para que no me sigan los niños. A veces toma más tiempo porque hay que saludar a todos. No es que sea tan social y me guste saludar a cada persona con la que me encuentro, es sólo que todos te miran y es inevitable devolver el saludo.

Trotar con 30° C o más no es muy agradable, especialmente si la humedad está muy alta, pero vale mucho la pena mirar los paisajes de esta región, y también porque me gusta exigirme en los deportes.


Ruta más boscosa

Al comenzar a registrar mi ruta, observé detenidamente los bananos y lo primero que se me vino a la mente fue el juego de video para Super Nintendo, Donkey Kong Country. Era bastante asertivo pensar que los árboles que aparecían en el juego eran bananos, pero nunca había visto uno en vivo y en directo para poder hacer la conexión. Lamentablemente, no se ve ningún gorila trepando por los árboles en busca de bananas y menos cocodrilos erguidos resguardando alguna zona en particular.

Plátanos al costado de mi ruta

Bananos
Luego de pasar por los bananos se puede observar otro tipo de vegetación a los alrededores. Un tipo de vegetación mucho más espesa a la cual no visitaría con camiseta manga corta y pantalón corto. Tampoco la visitaría si no tuviera al menos otras cuatro cosas como un repelente para mosquitos, botas largas, un machete y, sobretodo, conocimiento de la flora y fauna del lugar. Soy aventurero, pero alguien me contó que había sólo una dosis en la clínica para combatir el veneno de una serpiente muy común en estos lugares, así que iré paso a paso por esos caminos.


Vegetación a los alrededores

Los papayos también soy muy comunes de encontrar por estos caminos. Cierto es que la gente obtiene las papayas de mucho más al interior del bosque, donde están más maduras. No es un trabajo fácil en lo absoluto.


Papayo
También me encontré con un amigo. Ojalá nunca hubiera sabido que habitaba por esta zona. Su nombre es el escorpión y es del largo de un pequeño roedor. Así que ahora tengo otro motivo para andar muy paranoico por los caminos menos habitados.


Fue aplastado por una moto probablemente
Llegando al final de mi destino el sol desaparece poco a poco, lo que a mí personalmente me dice que debo volver pronto porque no hay luz en las calles y menos en el bosque. Además, quiero comprar algunas naranjas y plátanos para recuperarme de tan agotadora salida a terreno. 


Atardecer cerca de Saclepea